viernes, 2 de mayo de 2014

La verdad de la locura (nueva versión)

Monstruos, todos ellos. Lo veo en sus ojos, en las sonrisas que me lanzan cada vez que me ven. Piensan que no me doy cuenta, pero los veo todo el tiempo. Fingen ser humanos, aunque yo sé que esas pieles son un mero disfraz. Debajo de esos trajes de piel se encuentran demonios consumidos por una sed insaciable de terror, bárbaros que solamente quieren ver mi cuerpo sin vida sobre suelo.  Durante todo este tiempo pensé que eran inofensivos, amables y leales, pero ahora sé que esas caras son solamente máscaras.

Todo comenzó cuando un comerciante visitó el palacio del reino. Sus ropajes eran extravagantes, con colores vibrantes y estampados nunca antes vistos en estos lugares.
-Traigo regalos de tierras lejanas -repetía una y otra vez, arrodillándose ante mí, ante el trono.  Era una costumbre que cada viajero, al pasar por nuestras tierras, brindara ofrendas para la corona.
-Maravillosos obsequios para un maravilloso rey-. Sirvientes entraron en la sala cargando cajones repletos de objetos. Obras de arte, instrumentos musicales, perfumes y telas multicolores. El comerciante luego se despidió, argumentando que tenía más tierras por recorrer. Me acerqué a los regalos y empecé a ver qué era lo que este extranjero había regalado.

Fue un libro lo que me llamó la atención. Era pequeño, no sobresalía al estar entre todos tantos fascinantes regalos. Parecía un cuento infantil, y me sorprendí al notar que estaba en español. Ciertamente, un libro extranjero debería estar en otro idioma irreconocible, pero este no era el caso.  

Fui hacia la biblioteca del palacio para poder apreciarlo en paz y comencé  a leerlo.  En sus hojas estaba escrita la historia de un reino, un reino perfecto, sin crímenes ni pobreza. La vida allí era perfecta, sin embargo, los habitantes decidieron rebelarse ante su rey. Invadiendo el castillo, capturaron al monarca y sin remordimiento, lo asesinaron.  Un sentimiento de terror y angustia se apoderó de mí. Una pequeña duda surgió entre mis pensamientos. ¿Podría ser que este pequeño relatara el presente? No tardé en entender que este libro no describía el presente, sino el futuro, MI futuro. Estaba allí, escrito, frases rodeadas por diminutos dibujos infantiles. En esas hojas se encontraba la verdad, una terrible realidad. Todos estos años mis súbditos fingieron  amarme, pero en el fondo me desprecian.

Corrí hacia mi habitación en un acto de pánico, ignorando los gritos de los monstruos armados, preguntando si había visto algún peligro, si su majestad necesitaba protección. Detrás de esas palabras se encontraban terribles mentiras, deseos de muerte. Entré a mis aposentos y fui en busca de mi arma secreta. Tomé una daga escondida debajo de mi almohada y me refugie en el armario. Podía escuchar los pasos de los guardias y sirvientes acercándose a mi habitación.


-¿Hay algún problema con el rey? Veamos si necesita ayuda - No pude soportarlo, yo sabía que ellos vendrían a quitarme la vida. Decidí entonces no permitirlo, y con la daga en mis manos, corté mi cuello con un suave movimiento.

CUENTO RE-ESCRITO

El por qué .

El cuerpo inerte del rey yacía sobre el piso de su habitación. Una daga se encontraba en su mano derecha y un corte se podía ver en su garganta. Un río de sangre teñía la alfombra de color escarlata y terminaba en espiral llegando hacia la puerta de la habitación.  Los gritos asustados de los sirvientes inundaron los pasajes del castillo, y sin el uso de palabras, todo el castillo se enteró de una muerte inesperada.  

¿Por qué el monarca quitaría su propia vida?  Su reinado fue pacífico, sin conflictos con otros reinos ni peligros en el interior del territorio. Él era amado por el pueblo, y ese cariño aún sigue vivo. Sus heroicas hazañas eran narradas por toda la nación con admiración y orgullo. “Habrá sido por conflictos externos” se rumoreaba  Durante los últimos años surgieron ciertas disputas entre los reinos vecinos. Los mensajes que recibíamos anunciaban noticias donde los habitantes se rebelaban ante su monarquía. De todos modos, nuestro rey no mostraba preocupación alguna ante esos incidentes e ignoraba lo que pasaba en esas tierras lejanas. En busca de la causa de su suicido, nosotros, los sirvientes del palacio, empezamos nuestra investigación.

Comenzamos con su cuarto, en busca de algún indicio que nos ayudara a encontrar la causa de su muerte. Debajo de la cama encontramos un libro, un cuento infantil. El día anterior un comerciante extranjero había visitado el palacio con obsequios para la corona. Probablemente, este pequeño libro estaba entre los regalos. Tomé el libro y me puse a leerlo. No tenía muchas hojas, no era una historia muy larga. En sus páginas narraba la historia de un joven campesino. El protagonista, lleno de rabia por maltratos injustos, decidió armar un bando para asesinar al rey y tomar el poder. Su objetivo es acuchillado en el corazón, y el sufrimiento de las tierras se acabó enseguida. Recientes rastros de lágrimas decoraban las gastadas hojas del libro. En la última página encontré algo que nunca pensé que llegaría a leer. Escrito en la cursiva propia del rey, se hallaba la frase “Ya no puedo vivir con miedo”. La semilla de la duda había estado germinando en su corazón, y ese libro fue la última gota que hizo florecer esa hierba innecesaria. Como respuesta ante el pánico, decidió quitarse su propia vida en un acto de terror y locura. El triste final de nuestro líder cayó ante nosotros como una terrible verdad, sin darnos tiempo a reaccionar. 


Camila Camaño
Marco Zucchelli, Mario Di Cola, Juan Martin Ricci
Necesidad de amar, de leer.
Otra vez era la misma escena, ella sentada en el asiento trasero, el mirándola a través del espejo retrovisor, su pelo rubio, los ojos azules que lo hipnotizaban y aquellos labios rojos que lo seducían, vestida de plateado esta vez, para llamar más la atención, el sospechaba, como si necesitase vestirse así… se contestaba el mismo.
¿Cómo podría hablarle? El era un simple chofer, ella ni siquiera había visto su cara y aunque pudiera hablarle no sabría de que. Eran de mundos diferentes pero, esta vez, él tenía un plan. Ya se lo había dicho su amigo Gerónimo “Gus, los libros hablan, ¿No me dijiste mil veces que siempre lleva el mismo libro? Léelo y háblale de eso” Pero Gustavo, no había tocado un libro en su vida y ese no era la excepción, pero eso cambiaria esta vez, sin dejarse distraer por su pelo o sus ojos ¡ni por sus labios! Anoto el nombre del libro “Historia de dos ciudades”.
Llego a su casa con el libro en las manos, lo compró apenas salió del trabajo, lo tiro sobre la mesa, antes debía comer, termino la pieza de pollo que tenía en la heladera de la noche anterior y sin saberlo se armo de otra excusa, debía bañarse, estaba mugriento y la suciedad que nunca antes lo había molestado, no lo dejaba leer. Era muy tarde para leer, pero mañana era su día libre y podría leerlo con la tranquilidad que su amor a Giuliana Larose, su pasajera, se merecía.
Se levanto temprano, una ansiedad no le permitía dormir, era parecido a un sentimiento de culpa, que nunca había sentido, una fuerte presión en el estomago que le advertía de algo que debía hacer. Se paro abruptamente, entonces lo vio, el libro aun sobre la mesa, no había leído la contratapa y no quiso hacerlo, había algo en ella que le producía rechazo y decidió empezar por el principio.
Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.
Esa primera parte llamo mucho su atención y lo dejo pensando, pero no satisfecho, tenía que leer mas, continuo toda la mañana y toda la tarde, paro solo para comer y recordó el partido de básquet que tenia con sus compañeros esa misma noche, una vez terminado el capitulo por el que iba, se cambio y partió al encuentro.
Gerónimo lo saludo como siempre, era una buena persona, de piel morena y ojos brillantes, que guardaba un secreto amor por los libros, sin embargo fingió desinterés al oír a su amigo hablar sobre “Historia de dos ciudades”, otro de los muchos libros en su biblioteca, quiso evitar una sonrisa pero no pudo, por suerte para el siempre andaba sonriendo. Esa noche Gus no supo el marcador del juego y por primera vez no le importo, volvió apurado a casa, si podía terminar un capitulo mas antes de dormir estaría feliz.
Su primer día de trabajo desde que había empezado el libro, ella subió al auto y el la vio como siempre, primero su pelo y continuo con los otros rasgos que tan enamorado lo tenían, esta vez vestía de azul y blanco, eran por casualidad los colores preferidos de su chofer, eso tenía que ser una señal y por primera vez un sonido proveniente de la parte delantera del auto hizo que la modelo levantara su vista.
–Es un buen libro el que llevas – Fueron las palabras de Gustavo.
Su pasajera lo miro con desdén – ¿Así que era el libro lo que venía mirando? Qué bueno saberlo.
La voz melódica de Giuliana encendió el pecho del chofer en llamas, pero tratando de calmarse contesto tartamudeando.
– Jaja es-s un-n mu-muy bu-en li-libroo, yo no lo he terminado pero me está gustando mucho – A medida que hablaba sus miedo se iba, al igual que sus ojos, se perdía volviendo a los recuerdos de las paginas que habían llamado su atención.
Cuando se quiso dar cuenta ya habían llegado, y en una clara señal de que la aburría Giuliana bajo del auto casi corriendo. Lo noto de inmediato, ella había olvidado su libro y de pronto una furia envolvió su cuerpo, sentía que la sangre le hervía, ¿Cómo iba a bajar así? Tan descortés, dejando incluso el libro que tanto le “gustaba”. Pero ese enojo repentino paso rápido, ahora tenía una excusa para llamarla.
Llego a su casa y se sentó en el sillón, sostuvo el libro en sus manos, quería llamarla, pero ¿Qué le diría? ¿Cosas lindas? No, algo había cambiado, quizás fue su comportamiento grosero, pensaba él pero no, sabía que no, era el libro, no debió abandonarlo así. Aun sostenía el libro y pensaba que sentimientos rondaban en su cabeza, ya no quería llamarla, no le interesaba si no la volvía a ver, pero ¿Por qué ya no era igual que antes? ¿Por un libro olvidado? Él sabía que no, esto era desde antes, desde que leyó aquel libro, eso era, eso lo cambio, se sentía traicionado por sí mismo como si una parte de si le hubiera tendido una trampa. Entonces miro el libro otra vez, aun en su mano, quería ponerlo en una biblioteca, si tuviera una, ¡quería una biblioteca! Quería muchos libros, sentía deseos de leer.

Pasaron los meses y Gustavo renuncio a su empleo, ya no le interesaba, tenía una biblioteca llena de libros, que cubría cada pared de su casa, muchos no los había leído aun pero estaba deseoso de hacerlo. Su secreto amor por los libros se había revelado y el no podía sentirse más feliz, o tal vez si, tenía un nuevo sueño y no lo quiso retrasar más, ya había perdido muchos años, Comenzó a escribir su libro y la primera oración de este fue: “El amor no siempre es ciego, a veces los ciegos somos nosotros.”.

Corrección. 

Necesidad de amar.
Otra vez era la misma escena, ella sentada en el asiento trasero, el mirándola a través del espejo retrovisor, su pelo rubio, los ojos azules que lo hipnotizaban y aquellos labios rojos que lo seducían, vestida de plateado esta vez, para llamar más la atención, el sospechaba, como si necesitase vestirse así… se contestaba el mismo.
El era un simple chofer, ella ni siquiera había visto su cara y aunque pudiera hablarle no sabría de que. Eran de mundos diferentes pero, esta vez, él tenía un plan. Ya se lo había dicho su amigo Gerónimo “Gus, los libros hablan, ¿No me dijiste mil veces que siempre lleva el mismo libro? Léelo y háblale de eso” Pero Gustavo, no había tocado un libro en su vida y ese no era la excepción, pero eso cambiaria esta vez, sin dejarse distraer por su pelo o sus ojos ¡ni por sus labios! Anoto el nombre del libro “Historia de dos ciudades”.
Llego a su casa con el libro en las manos, lo compró apenas salió del trabajo, lo tiro sobre la mesa, antes debía comer, termino la pieza de pollo que tenía en la heladera de la noche anterior y sin saberlo se armo de otra excusa, debía bañarse, estaba mugriento y la suciedad que nunca antes lo había molestado, no lo dejaba leer. Era muy tarde para leer, pero mañana era su día libre y podría leerlo con la tranquilidad que su amor a Giuliana Larose, su pasajera, se merecía.
Se levanto temprano, una ansiedad no le permitía dormir, nunca lo había sentido, una fuerte presión en el estomago que le advertía de algo que debía hacer. Se paro abruptamente, entonces lo vio, el libro aun sobre la mesa, no había leído la contratapa y no quiso hacerlo, había algo en ella que le producía rechazo y decidió empezar por el principio.
Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.
Esa primera parte llamo mucho su atención y lo dejo pensando, pero no satisfecho, tenía que leer mas, continuo toda la mañana y toda la tarde, paro solo para comer y recordó el partido de básquet que tenia con sus compañeros esa misma noche, una vez terminado el capitulo por el que iba, se cambio y partió al encuentro.
Gerónimo lo saludo como siempre, era una buena persona, de piel morena y ojos brillantes, que guardaba un secreto amor por los libros, sin embargo fingió desinterés al oír a su amigo hablar sobre “Historia de dos ciudades”, otro de los muchos libros en su biblioteca, quiso evitar una sonrisa pero no pudo, por suerte para el siempre andaba sonriendo. Esa noche Gus no supo el marcador del juego y por primera vez no le importo, volvió apurado a casa, si podía terminar un capitulo mas antes de dormir estaría feliz.
Su primer día de trabajo desde que había empezado el libro, ella subió al auto y el la vio como siempre, primero su pelo y continuo con los otros rasgos que tan enamorado lo tenían, esta vez vestía de azul y blanco, eran por casualidad los colores preferidos de su chofer, eso tenía que ser una señal y por primera vez un sonido proveniente de la parte delantera del auto hizo que la modelo levantara su vista.
–Es un buen libro el que llevas – Fueron las palabras de Gustavo.
Su pasajera lo miro con desdén – ¿Así que era el libro lo que venía mirando? Qué bueno saberlo.
La voz melódica de Giuliana encendió el pecho del chofer en llamas, pero tratando de calmarse contesto tartamudeando.
– Jaja es-s un-n mu-muy bu-en li-libroo, yo no lo he terminado pero me está gustando mucho – A medida que hablaba sus miedo se iba, al igual que sus ojos, se perdía volviendo a los recuerdos de las paginas que habían llamado su atención.
Cuando se quiso dar cuenta ya habían llegado, y en una clara señal de que la aburría Giuliana bajo del auto casi corriendo. Lo noto de inmediato, ella había olvidado su libro y de pronto una furia envolvió su cuerpo, sentía que la sangre le hervía, ¿Cómo iba a bajar así? Tan descortés, dejando incluso el libro que tanto le “gustaba”. Pero ese enojo repentino paso rápido, ahora tenía una excusa para llamarla.
Llego a su casa y se sentó en el sillón, sostuvo el libro en sus manos, quería llamarla, pero algo había cambiado, quizás fue su comportamiento grosero, pensaba él pero no, sabía que no. Aun sostenía el libro y pensaba que sentimientos rondaban en su cabeza, ya no quería llamarla, quería tomarse un tiempo estaba confundido y no sabía que quería. Entonces miro el libro otra vez, aun en su mano, quería ponerlo en una biblioteca, si tuviera una, ¡quería una biblioteca! Quería muchos libros, sentía deseos de leer.

Pasaron los meses y Gustavo renuncio a su empleo, ya no le interesaba, tenía una biblioteca llena de libros, que cubría cada pared de su casa, muchos no los había leído aun pero estaba deseoso de hacerlo. Su secreto amor por los libros se había revelado y el no podía sentirse más feliz, o tal vez si, tenía un nuevo sueño y no lo quiso retrasar más, ya había perdido muchos años, Comenzó a escribir su libro y la primera oración de este fue: “El amor no siempre es ciego, a veces los ciegos somos nosotros.”.

El desgaste del amor

         Había estado caminando mojándome por algún rato pensando en esto y aquello; a veces no pensando como habitualmente lo hago, pero en todo momento yendo y viniendo así. Eran las nueve de la noche y la lluvia estaba en pleno proceso. No paraba de pensar, y admito que a veces pensaba demás. Pero me creo lo suficiente capaz de darme cuenta cuando me engañan.
De repente, el viento trajó un libro como si se me fuese regalado, estaba a 5 cm de caer en un inmenso charco cuando lo rescaté. En realidad no sé por que lo hice, pero aquella noche iba de mal en peor. Apenas llegué a mi casa lo empecé a leer. Fue la portada, o  el tamaño, pero superficialmente me atrapó.  La historia que se narraba en ese cuento trataba de una pareja, Flavio y Lucía, con largos años de convivencia. Eran aquellas parejas que uno nunca se imaginaría que tendrían problemas. Sin embargo, detras de su envolvente y superficial aspecto de perfección dentro de la casa sus personalidades, ambas fuertes, chocaban constantemente pero aquello que los unía no era el amor, ni el parecido carácter, sino que siempre dentro de una relación se encuentra aquel que se deja dominar, y aquel que tiene el poder de hacerlo, de imponer aún más carácter. Ella era quién dominaba la relación, tras peleas y peleas, aunque él quisiera escapar de esa rutina, ella acaparaba cada esperanza de libertad y se la destrozaba como sí él nunca pudiese librarse de ella. Los problemas no variaban. Ella, cómo tal dominante, también era impulsiva y obsesivamente celosa. No importase cuántas veces él le admitiera que no la engañaba, ella nunca lo comprendía y a cada detalle minusioso que Lucía encontraba lo utilizaba para excusarse de todas las golpizas que le daba a Flavio. Uno pensaría cómo una mujer puede pegar a un hombre, sin embargo estaba sucediendo..
        Mil y una vueltas dí para evadir mis tareas y seguir leyendo el libro; me envolvío. Pero a su vez no paraba de pensar en aquel nuevo hombre que existía en la vida de mi mujer, nunca quise ser obsesivo, en realidad, nunca comprendí cuál era el límite entre ser lógicamente celoso u obsesivamente. Cada vez que la veía arreglarse sentía que moría por dentro, sabía que se arreglaba para alguien y no era para mi,precisamente. Cada vez que se daba vuelta cuando caminabamos por la calle sabía que era para mirar otro hombre y quién sabe que más se le cruzaría por la mente a esa mujer..  Cuando miraba televisión sé que cambiaba de canal con la expectativa de ver otros hombres y sabía que esa era su satisfacción. Yo nunca fui suficiente para ella. No, no puedo decir que me considero obsesivo, solo me fijo en los detalles y me meto en su cabeza. Y sé que lo hago bien. Sé que entiendo mucho más de lo que ella cree, aunque me tome de exagerado y enfermo; debo admitir que más de una vez recurrí a la violencia. Pero, puedo decir que tuve una razón; no tiene que pensar, ni observar, ni siquiera relacionarse con otro hombre que no sea yo. No lo veo correcto. Por algo me casé, para que ella fuera la única mujer; y esperaba ser correspondido.
       A lo largo de la narración el personaje de Flavio, quién había estado acostumbrado a la violencia, comenzó a tomar consciencia de la gravedad de la situación. Cada día la obsesión de Lucía crecía, él ya no se sentía cómodo dentro de la convivencia y algunos rasguños y moretones, consecuencias de los golpes de ella, no los podía esconder. Un día, decidido al cambio, hizo las valijas mientras ella trabajaba, dejó una nota, y se fue.. Ella analizó la situación; llegando a la conclusión de que perdió completamente el amor por ella porque ya tenía a otra persona, mucho mejor. Lucía, cómo tal, encontró a Flavio por la calle con una sola intención que cumplió. Si él no la iba a amar a ella, entonces no amaría a nadie más. Con un revolver heredado, cargado con 7 balas, lo mató.
    Aquel libro no solo me había atrapado sino, que con el tiempo distorcionaba la realidad con la historia que se narraba y de vez en cuando me sentía Lucía, y a mi mujer la personificaba en Flavio. Releí una y mil veces aquella parte en la que Flavio decide irse porque me destrozo, tanto como si mi mujer lo hubiese hecho. De echo, lo hizo unas semanas después. Me invadió la ira, y así entendí a Lucía, perdidamente enamorada y obsesiva. Me sentí destrozado. Debo admitir que pensé en matarla solo cuando releía el final de aquella historia y me dejaba llevar pero luego entendí, que la rutina de aquellos problemas y su poca conversación mató la relación entre Lucía y Flavio, y la rutina no es amor, es costumbre. Yo no amaba a mi mujer, estaba tan acostumbrado a ella que perder esa rutina, esa costumbre, me paralizaba. Por eso, me obsesioné con poseerla, cómo si fuese un objeto o algún juego de colección. Finalmente, tomé la decisión más difícil para cualquier obsesivo como yo; la dejé ir.


Melody Ortiz y Camila Carballido.

El escondite de lo obvio

 Otro día de trabajo duro le esperaba a Matias. Se levantó cansado y con frió de la cama a prepararse un poco de café, al llegar a su cocina se dio cuenta que se le había acabado en eso agarro un pan duro que le sobro de el día anterior con algo de manteca.Al terminarlo se preparo para ir al trabajo, en el camino se encontró a su casero enojado, el señor J. Gomez, que le reclamaba la renta atrasada de dos meses. Matias estaba cansado y sin ganas de responderle siguió de largo para la puerta.
  Caminando por la calle observaba los lujosos coches de alta gama imaginándose a el mismo conduciéndolos pero con su mísero empleo no le iba a alcanzar en 10 años, por lo que debería seguir usando esa línea de colectivos anticuados y ruidosos.El camino se le hacía demasiado largo y cansador, le molestaba toda la gente de los colectivos, se sentía perseguido por una desgracia infinita en cada viaje.En el momento en que llegó al  supermercado su insoportable jefe le reprochaba el haber llegado tarde por varios minutos impidiéndole trabajar  y agregarle horas de trabajo, Matias siempre había odiado a su jefe, era un hombre que de seguro habían atormentado en la secundaria que se desquitaba con sus empleados y con los clientes, era una persona odiosa y engreída que poca gente le agradaba, si le agradaba era por interés nada mas.
  Matias estaba harto de soportar a los clientes del supermercado, todos tenían muchas quejas y estaban de mal humor eso a él lo estresaba, pero sabía que no podía llegar a nada mejor que ese puesto de trabajo.
  Por suerte para alegrarle el día lo vino a visitar su mejor amiga Eugenia,en su hora libre,  quien para desgracia nunca se había animado a expresarle sus sentimientos porque se sentía seguro que su respuesta iba a ser algo como "te quiero solo como amigo" o "deberíamos ver a más personas" y para aún peor traía en su mano un libro el cual seguro no le iría a leer como a un bebé, no es que odiara la lectura, simplemente le resultaba más aburrido que chupar un clavo. Ni se fijo que libro era pero la saludó muy falsamente contento. Ella siempre con una buena actitud, era una mujer muy feliz con un gran empleo con muchos amigos con excelentes actitudes y dispuesta a lo que sea, todo lo contrario a Matías, se quedaron hablando toda la hora sobre sus situaciones actuales, que estaban haciendo de sus vidas. Eugenia le contaba estaba haciendo muchas actividades ya que estaba teniendo un tiempo libre a la tarde, también salía mucho con amigos de ella y él no hacía nada además de trabajar en el supermercado todo el día y al llegar a su casa lo único que quería era dormir, tomar cerveza, etc. Eugenia cambió de tema para poder hablar de algo positivo con el de algo, empezó a ofrecerle salir con ella y conocer a algunos amigos de ella pero él se negó ni el sabe porque, la verdad que pensaba en que se tenía que divertir un poco más y conocer gente. Al terminar de hablar Eugenia le entregó el libro que traía y le recomendó leerlo. No lo había tocado cuando llegó a su casa de no ser porque algún desgraciado de los que trabaja en Telecable le cortó el suministro por falta de pago, la televisión era lo único que lo entretenía.
                                                                                                                                                                                                                                                                      
  La Carta Robada, se sentó en el sofá y comenzó a leerlo, con un par de cervezas al lado suyo en la mesita ratona del medio de su living. Al día siguiente lo despertó un bocinazo de algún demente que estaba apurado por llegar a su trabajo… medio segundo después se dio cuenta, se le había hecho 15 minutos tarde por quedarse dormido sin el reloj, no llego a leer siquiera dos párrafos que ya se había quedado dormido. Tuvo suerte de que su jefe ese día no haya ido a la sucursal para darse cuenta, para él otro día normal
Al llegar tarde al trabajo se encontró con varios compañeros disgustados por el retraso, pero no podía sentirse más inútil de lo que ya se sentía , se preguntaba si siempre sería así si había sido destinado a sufrir ese mal, pero claramente no era el momento de pensar eso ya que quedaría cual autista frente a las personas que aguardaban el la fila de la caja.
  Llegando a su casa notó en la puerta una nota que decía en color rojo “Aviso de desalojo”. una pequeña parte de él se lo vio venir, pero incluso así no podía hacer nada. Para empezar parientes no tenía más que sus padres, sus padres siempre lo habían visto cual vago que no se esforzaba por nada en la vida y le dijeron que si no empezaba a trabajar y cuando vio que las cosas se ponían serias y busco un trabajo lo pusieron de patitas en la calle (o en ese departamento que le alquilaron por un mes esperando que el se pagara el resto) claro que solo lo hicieron para ponerlo en regla y que dejara de ser un vago, pero Matías no se iba a enterar de eso aunque se lo dijeran y aun así no lo entendería. para él solo lo veían como alguien que fracasaría en todo porque no se propondría nada y esto lo llevo a creérselo.
  Entró a su casa, echó un vistazo y se negó a poner lo poco desvalorizado que tenía en cajas para que terminaran en la basura. Se sentó en el sofá como todos los días después del trabajo y continuó leyendo lo que había empezado, a ver si podía terminar algo en su vida. Palabra va palabra viene, el sueño ya le afectaba bastante cuando llegaba al final, tanto que otra vez no llegó a terminarlo y esto lo trastornó. Cuánta gente se daría cuenta de su falta en el mundo? a cuantos podría afectar un fracasado menos? Su casa, su madre, su empleo, su amiga, su sofá en el que había dormido los últimos 8 meses porque no podía comprar una cama, su vida había sido un fracaso tras otro, sin logro alguno que pudiera presumir a nadie.
Lo único bueno que tal vez valió la pena en su vida fue haber leído esos cuantos párrafos del libro pero al no terminarlo lamentablemente no pudo aprender nada de él. hacia días que no se afeitaba, su Gillette estaba abandonada y oxidada en el espejo del baño, era fácil quitarle la hoja de acero para apoyarla sobre su brazo y simplemente deslizarla hacia la derecha con un poco de presión, terminaría de una vez por todas con todos los problemas. estaba al borde de hacerlo de pero justo en el momento más inoportuno le agarró la intriga de saber como terminaba ese cuento, estos últimos renglones que le faltaban. Giró la cabeza hacia la izquierda, bajó la mirada y leyó ese párrafo, una vez que terminó cerró lo ojos por un minuto, luego guardó la navaja otra vez en la caja del baño que tenía su horrible casa, que a pesar de ser eso no dejaba de ser un techo.


Dylan Bredeston, Francisco Martín, Lucas Goloboff

jueves, 17 de abril de 2014

Autopresentaciones


Imágenes que producen sentidos y otorgan significado a las cosas. Puntos de vista. Permanencia e instante para verse y vernos. Fragmentos que resumen o describen o poetizan o narran. Formas, música, collage, yuxtaposición, colores. Imágenes que producen sentidos y otorgan significado a quienes somos.

¡Muy buen trabajo!
                                                                                                                  Graciela

domingo, 13 de abril de 2014

Belén Campos



                   La música es el territorio donde nada nos hace daño.

sábado, 12 de abril de 2014

Juan Martín Ricci



                                        
                                     
Puedo aceptar el fracaso, pero no puedo aceptar no intentarlo.

                                      
Solo juega. Diviertete. Disfruta el juego.

Sofia Cabanchik

La música es algo que nos transporta a otro lugar, algo que nos compaña en todo momento, que nos llena esos espacios de vacío y que alimenta el alma, inclusive en los peores momentos cuando sentimos que tocamos fondo

Mailen Amor

Desde siempre juego al hockey sobre patines. Me ddio infinitas alegrias. Lo practico, lo miro, lo juego: me siento plena y feliz

viernes, 11 de abril de 2014

Sol López Marcomini


Toda la semana esperando ese momento,  solo existe un pensamiento, en el cual me encuentro, en el cual me siento.

Marco Zucchelli

Una chispa alcanza para encenderme, tanto en furia, como en creatividad. El fuego es iluminación, pasión y representa autodestrucción, destruye todo y luego se consume.

Melody Ortiz







"Si dejas salir tus miedos...












vas a tener más espacio para vivir tus sueños"

Lucas Goloboff

    
    "El fútbol es la única religión que no tiene ateos, no es cuestión de vida o muerte, es mucho más que eso"

Indira Hojman Goren


       La música empieza donde se acaba el lenguaje.

jueves, 10 de abril de 2014

Francisco Martín





Un callejón sin salida 
sólo le detendrá...







                              ...si no tratas de pasar                                                           a través de él.

  

Camila Camaño

Un caballo multicolor galopa hacia el cielo saltando en las nubes en busca de la libertad de su alma. Una libertad llena de sonidos y colores.

Dylan Bredeston

                 Una canción es una buena letra, una buena música, una buena interpretación un buen sonido.                      
"Nace un bebé llorando y clamando por la atención en él los recuerdos se desvanecen,como mirar a través de un espejo empañado".  
                                           

Milagros Suarez

Hoy aunque llueva y yo no este de humor, sé que vas a estar siempre ahí dentro de mi empujándome a seguir,levantándome si caigo, viendo luz aun si muere el sol.

Abril Dujaut


"Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje"
Aprendí a tocar fondo y a subir de un solo saque. 

A tu suerte siempre restale una duda,a esa duda una posibilidad,si esa posibilidad se vuelve tan loca,esa es tu verdad.

Abril Rodríguez

La combinación perfecta entre fotografía y música, mi combinación perfecta.




Uno nace mientras el planeta gira
Los pulmones abren la nariz respira
Escuchamos al mundo con todo su alboroto
Los párpados suben y los ojos tiran fotos